En Pizamos 1, un barrio atravesado por la violencia urbana, la comunidad ha creado un espacio que florece contra todo pronóstico. Kilombo, una huerta comunitaria nacida de la organización barrial, se ha convertido en un refugio para jóvenes que buscan escapar del guireo y el chacaleo, dos dinámicas que amenazan su presente y su futuro.
Donde antes había escombros y basura, hoy crecen plantas, saberes y vínculos. Kilombo no es solo un terreno recuperado: es un acto de resistencia cotidiana. Jóvenes que antes estaban expuestos al reclutamiento por parte de grupos armados o atrapados en confrontaciones entre pandillas, ahora encuentran en este espacio una alternativa real para reconstruir su proyecto de vida.
La lideresa Yefri Lerma, una de las impulsoras del proceso, explica que Kilombo es mucho más que una huerta: es un lugar donde se conversa, se cocina, se aprende a sembrar y se cultiva comunidad. “Aquí los pelados no solo siembran comida, siembran confianza”, asegura Yefri. Durante el día, Kilombo es un punto de encuentro, de cuidado y de contención. Pero al caer la noche, la realidad del barrio se impone: balaceras, fronteras invisibles y miedo. Aun así, la comunidad no se rinde.
Kilombo es una respuesta concreta a la violencia estructural. Un espacio donde la juventud encuentra otra forma de habitar el barrio. Donde la tierra, la palabra y el trabajo colectivo se convierten en herramientas para resistir. En Pizamos 1, la esperanza se cultiva con las manos.


