En territorios donde el Estado ha fallado, las mujeres han decidido no rendirse. En Molinos 100, Palmira, dos lideresas han hecho del dolor una herramienta de transformación colectiva. Allí, el Colectivo Justicia Racial acompañó una brigada jurídica que no solo ofreció orientación legal, sino también visibilizó la fuerza de quienes luchan por la vida en medio del abandono.
Alexandrúa, al frente de la Fundación Cóndor Khuyay, impulsa procesos de liderazgo comunitario. Emilse Rueda, madre de dos hijos asesinados por la policía, acompaña a otras víctimas y orienta a jóvenes que han perdido el rumbo. Ambas han convertido sus heridas en fuerza organizativa, sembrando esperanza en un entorno marcado por la violencia estructural.
En medio de esta lucha, la comunidad sigue esperando la apertura del jardín infantil “Huellas de Amor”, prometido hace cuatro años. Aunque la infraestructura está lista, el olvido institucional persiste. “Se está perdiendo este espacio, y los niños tienen derecho a la educación”, denuncia Alexandrúa con firmeza.
Desde el Colectivo Justicia Racial ya se están adelantando acciones para exigir la apertura del jardín. Porque la infancia no puede seguir esperando. Y porque estas mujeres no están dispuestas a rendirse. En Molinos 100, la resistencia tiene rostro de mujer.